Caídas, tropiezos y paraguas.

Hola hola caracolas. Y caracoles también, por qué no.
Me apetecía muchísimo hacer esta entrada y estrenar sección con ella así que allá vamos. ¡COMENZAMOS!

La idea de hacer esta entrada fue porque el otro día por la calle vi como iban caminando un grupo de niños (bueno no eran tan niños tendrían entre 13 y 15 años creo yo) y sin ton ni son uno de ellos se tropezó de tal manera que el pobrecito mío no pudo ni pararse a él mismo hasta besar el suelo. 
Y cómo no, acto seguido y por consecuente sus amigos saltaron a carcajada limpia en toda su cara, ellos y todas las personas que pasaban por allí. Sí, a mi también se me escapo alguna risilla, lo admito. 
El caso es que el chico besa suelos estaba muerto de la vergüenza y no paraba de decir con el tono ese que usan los chavales hoy en día "eh tíos, no os riáis joder". Y yo sabía perfectamente que muy en el fondo sus queridos amigos se estaban muriendo de la vergüenza también.

Y a lo que quiero llegar es:  se que no hay que reírse de los tropiezos y las caídas de la gente pero tampoco hacer un mundo de ellas y de la vergüenza que te hacen pasar. 
Por eso, hoy os traigo un recopilatorio de caídas. Y no de caídas de famosos que parece que por ser famosos tienen un derecho especial a quedar bien aunque se traguen el suelo como el señor manda. 
De eso nada, os traigo un recopitalorio de mis mejores caídas y tropiezos en los que aprendí que hay que saber reírse de uno mismo aunque después tengas que ir al hospital a reconstruirte la nariz, así que ¡allá vamos!


-El barro mi mayor enemigo:
Esta es la primera caída digna de mención. Y es que es cierto que soy una persona dada a tropezarme (según mi madre porque arrastro los pies al andar, sí, yo tampoco lo comprendo). El caso es que me pasó hace unos años en el patio de mi antiguo colegio.
Para empezar el patio era un arenero que obviamente cuando llovía se convertía en barro para cerdos. Bueno pues a eso voy. Entre todo ese barro para cerdos me encontraba yo, animada de la vida contándole mi vida a mis amigas y hablando sin parar. Vamos, como ahora.

Recuerdo perfectamente que estaba estrenando abrigo y chándal. Un chándal precioso y gris del cual estaba enamorada. Y he de decir que eramos niños y hacíamos la típica gilipollez de contarnos secretos unos delante de otros como si al resto le importara que Dani estaba por Patri o que la empollona de clase había sacado una mala nota.
Y en esas estaba yo cuando una chica de mi grupo me dijo "Noe tía corre que te tengo que contar una cosa con la que vas a flipar, madre mía, pero no se lo digas a nadie eh".
Y yo como buena guarda secretos fui corriendo hasta la otra punta del patio para que nadie nos escuchara (un sin sentido porque luego lo sabía toda la clase antes que yo, seguro) y tanto corrí que en ese momento me dio por aprender a patinar sobre el barro, pero no salió como esperaba.

Vamos, que me resbalé por todo el barro como si fuera chocolate o algo parecido y ni chándal, ni abrigo, ni nada. Era yo, untada en lodo, literalmente. 

Todo el patio lo vio y las risas no fueron exactamente pocas. Además nadie me quería ayudar a levantarme por no mancharse (si alguno de los que estabais allí estáis leyendo esto, que os jodan) y yo me levanté con mucho orgullo y me fui a decirle a un profesor "profe me he caído en el barro".

PERO VAMOS A VER QUE CREÍA QUE EL PROFESOR ERA DIOS Y ME IBA A LIMPIAR POR ARTE DE MAGIA. 


Madre mía, era para estamparme una silla en la cara. Aunque ya suficiente tenía que pasé de ser más blanca que la leche a más negra que el pelo de Blancanieves. 

-Pizarras, profesores y literatura:
Bueno, esto me pasó exactamente hace una semana en la uni. Y es que estaba yo en clase de literatura, soñando despierta como cada vez que se habla de libros. 
La cosa es que hice un cambio de clase y el profesor, mi muy querido profesor de literatura, aún no me había añadido a la lista de alumnos y tenía que hablar con él.

Y para que me entendáis en ese aula hay una pizarra pegada a la pared y otra que se puede mover a cualquier parte y está como en medio de la nada. Bueno, exactamente en medio de la nada no, y ahora sabréis por qué.

Al finalizar la clase fui a hablar con mi profesor y justo cuando le tenía en frente me dijo "vamos a hablar fuera que aquí hay mucha gente y no te oigo" aunque más bien podría haber dicho "vamos a hablar fuera para que a la que te gires te tragues la pizarra".
Y es que así fue, porque giré sobre mis pies para salir del aula y la pizarra que siempre está en medio de la nada se debió de teletransportar hacia mi cara porque me giré, me tropecé con ella y para evitar besar el suelo apoyé el cuerpo de tal forma que prácticamente aún queda parte de mi nariz pegada en la tabla.
Fue ridículo y hasta me mareé. 
Mi querido profesor hasta se preocupó por mi y si fuera un cachas de 20 años y con ojos azules me hubiera dejado desmayar, pero resulta que es un señor de unos 60 años que se estaba aguantando la risa para no faltarme el respeto.
Tendré que perdonárselo porque hasta ahora es el mejor profesor de literatura que he tenido.

En definitiva y como moraleja: cuidado con las pizarras que tienen el poder de teletransportarse.

-Para días lluviosos: alcantarillas
Y por último os traigo el que para mí fue el momento más épico de las caídas que he tenido a lo largo de mi vida.

Como sabéis algunas personas que me leéis y para los que no lo sabéis, siempre he sido una chica dada a los tropiezos y a vivir la vida de diferente manera.
Y cuando eres niña, estas cosas parecen destacar todavía más.

Recuerdo que volvía del centro comercial con mi madre y con mi abuela y era un día de estos que llueve de forma que se te crean hasta agujeros en la cabeza del impacto de las gotas. Y a mí me encantan y me encantaban los días lluviosos. Pues tendría unos 9 años creo yo.
Mientras mi madre y mi abuela luchaban por mantener vivo el único paraguas que quedaba ,yo iba dando saltos sobre todos los charcos cuando de repente vi una alcantarilla en la cual la tapa se tambaleaba porque el agua era tanta que había hecho presión y se había salido. Pues yo, como persona normal de este planeta, decidí que era un buena opción saltar encima de ahí. ERROR.
Ya os podéis imaginar la situación. Bueno no, nos os la podéis imaginar porque madre mía que desastre:

Yo me caí a la alcantarilla (que además era de éstas muy profundas) con una pierna dentro y la otra fuera. Yo no sabía que podía ser tan elástica y efectivamente no lo era, PORQUE QUE DOLOR. Y yo me quedé tan impactada que no supe reaccionar y luchaba por no parecer una estrella de mar amorfa y porque el agua no me tragara. 
Y grité, grité mucho "maaaaaamáaaaaaaaaaaaaaaaa". A lo que mi madre se gira y lo primero que ve es a su hija metida en una alcantarilla. Magnífico. Pero como buena madre, soltó el paraguas y vino corriendo a salvarme de ser ahogada mientras mi abuela, que estaba en su mundo no paraba de decir -"¡pero Mariii, coge el paraguas que se vaaaaa!". Gracias abuela, no sabía que el paraguas era mejor nieto que yo.

Después de pensárselo mucho, mi  abuela vino a ayudar, si es que se puede considerar ayuda decirle a mi madre que tirase mi con más fuerza. A todo esto seguía echando de menos el paraguas perdido. 
Después de todo, conseguí volver de mi forma de estrella de mar a mi forma humana y salir de ahí dentro. Eso sí, mi madre y mi abuela se rieron de mí todo el camino mientras yo caminaba unos pasos por delante de ellas, apestando y haciendo ruidos con las botas super mojadas tipo: "chof, chof, chof".
Al final acabé tan harta de que  se rieran de mi mientras yo pasaba frío y vergüenza que  al volver a casa  le tiré con toda la furia posible, un guante húmedo y mal oliente a mi madre en la cara.

Me sentí la puta ama de mi barrio y cuando llegué me pasé unas tres horas en la ducha. 

Y hasta aquí todo por hoy. Con esto espero que hayáis pasado un rato divertido, que hayáis aprendido que las pizarras se mueven, que no debéis pisar alcantarillas y que hay situaciones que le pueden pasar a cualquiera y a las que yo creo que hay que saber buscarles un lado divertido.

Si os ha gustado la entrada o no, no os olvidéis de comentar e incluso si me queréis dejar alguna que otra anécdota divertida la leeré encantada además podéis contactar conmigo a través de mi twitter que tenéis a la izquierda del blog o a través del correo electrónico (cold.stage.blog@gmail.com) o por ask, que tengo directamente enlazado con el blog (Cold Stage). 

O si solo queréis conocerme un poquito más podéis hacer cilck, aquí, justo aquí^^

 Y ya me despido de vosotros con esta imagen de diva para contrarrestar el efecto de ridiculez de  mis caídas.
Besos y ¡HASTA PRONTO!





Comentarios

  1. JAJAJAJAJA, ayyyy lo de la alcantarilla. Lloro XDDDDD. Mis caídas ridículas no son tan ridículas como las tuyas, la verdad XD. La peor fue una en la que estaba en la piscina, me estaba poniendo los pantalones, me enredé con ellos, y me caí. Fue penoso porque me vio todo el mundo y estaba tirada en el suelo con los pantalones por las rodillas XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD.

    ¡Besos babosos my friend!

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    Respuestas
    1. JAJAJAJAJ. Me llevo la palma a las caídas más ridículas.
      LOL, la verdad que lo tuyo también tiene merito, lo importante es que lo superaste XDDD

      ¡BESOS GORDOS Y CON BABAS!

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